Jamás, bajo ningún concepto, hay que forzar a un niño a mamar ni insistir demasiado para que tome el pecho, puesto que el resultado puede ser justamente el contrario y provocar un rechazo real donde hasta entonces no existía más que una crisis pasajera.

Cuando un niño está en plena crisis, puede resultar muy útil darle el pecho en penumbra y en silencio, puesto que cuantos menos estímulos externos haya, más tranquila será la toma.

No esperar a que el niño llore para ponérselo el pecho, pues es posible que para entonces su ansiedad se traduzca en desesperación.

Paciencia, mucha paciencia. Tal como ha llegado, la crisis se irá.

 


FUENTES:
Alba Lactancia Materna: Crisis o brotes de crecimiento
QUÉ SE PUEDE ESPERAR EL PRIMER AÑO. H. Murkoff, A. Eisenberg y S. Hathaway B.S.N